
Ni la belleza exterior, ni la belleza de la creatividad, ni la belleza de la intelectualidad, ni aún las tres juntas jamás podrán superar la gran belleza del espíritu, procura siempre enriquecerte de ella. Un corazón apagado solo es como una figurilla de porcelana hueca y frágil. Sólo es cuestión de librarte de todo prejuicio o complejo o de cualquier circunstancia o de quién la genere que repercuta en tu crecimiento, alejate de la fugáz vanagloria. Pues para aquellos pocos sabios no significa nada el deseo de convertir la materia de plomo en materia de oro para llegar a la piedra filosofal; sería un esfuerzo vano e inútil. El secreto se encuentra en el proceso gradual y constante del alquimista. Llegar a modificar la personalidad de plomo en un espíritu de oro.
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