El frio está menguando, se disipa entre el pasar del fuerte viento emigrante del más allá del norte, el sol pretende llamar la atención, y sofocar esta cara pálida llena de risas congeladas. Camina Marzo, y la liebre ya se puso su mejor traje de catrín, quiere tomar el té y festejar un felíz no cumpleaños, mientras que el tiempo dé de si, mientras que las manecillas del reloj se vayan retrasando con el enojo del planeta por aquellos locos que negaron estar locos.
Tres meses han pasado volatiles, pareciese que huyeran de algo que se avecina a la vuelta de la esquina, pues dicen por ahí, que el tiempo habrá cambiado, que el tiempo ya no será el tiempo que hemos conocido, y los dos mil años quedarán suspendidos en el espacio. Un día son mil años, mil años son un día, vete al cielo, veras que no es una teoría.
Asteroides han golpeado una y otra vez mi nave espacial, no es batalla contra la gente, es batalla contra mi propio caminar. Pierda o gane, escrito está, soy de donde vengo, y a donde vaya, mi marca jamás se borrará. Sellado estoy de aquel cordero que vino con ojos de fuego y voz de trueno, a limpiar la suciedad.
Vistamonos de ropas blancas, por que antes de que abras bien los ojos, los sueños se habrán hecho realidad, y las pesadillas de muchos tomarán materia visible pues en materia han vivido y no buscaron nada más. Seremos uno con el universo. Yah veh lo que vez, no te rehuses, claro todo está, no lo crees, pero es verdad, ya no hay nada que me pueda parar, ni la vida, ni la muerte, ni en el cielo ni en la tierra, nada apagará la llama del fuego que en el cielo se verá. Mi corazón arde, mi mente se ilumina y mi cuerpo se regenera, al compás del equinoccio celestial.
martes, 16 de marzo de 2010
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